domingo 7 de marzo de 2010

La belleza femenina, la mas potente de las fuerzas de la naturaleza. La única sobre la que tiene poder el hombre, puesto que es una fuerza alimentada por nuestro deseo. Podemos decirle a una mujer que es bella, jurárselo. Podemos decirle que para nosotros su cara ocupa todo nuestro horizonte visual y que si no la tenemos en nuestra vista el mundo es mas gris, menos azul.

Es mas, ella terminara creyéndonos, pero solo a medias, pues no creerá que es bella, creerá que la consideramos hermosa. Pero cuando no este a nuestro lado perderá el carisma de quien se sabe poderosa, de quien se sabe hermosa. Es decir, la habremos convencido de que para nosotros es bella, de que nuestros ojos la idolatran, pero en su interior se seguirá viendo imperfecta. Inutil ante el voraz apetito de los demás hombres.

Pero sin embargo existe una manera de hacer que la belleza sea un estado mental y no una cualidad pasajera y accesoria. Una forma de hacer que le imprimacion de la belleza sobre el alma sea total y no transitoria... Y nada tiene que ver con las palabras.

Se trata de una intencion en los ojos que miran, una necesidad en las llemas de los dedos que se hinchan y llenan antes de tocar un mechon de pelo, un pomulo o un brazo. Una necesidad viviente que se alimenta de ella en nuestro ser, una forma de vivir disfrazada de aliciente. Y nada tiene que ver con el amor, cursi y sobrevalorado. Nada.

Esto es mas antiguo, diferente, no es algo que se celebra en un dia diseñado por el homonimo americano del Corte Ingles.

Esto no tiene nada que ver con eso.
Esto es el poder del hombre.
El poder de crear belleza sobre belleza.

2 comentarios:

Rafael dijo...

Mola man, por fin escribes de nuev.

Sigue asi

fali dijo...

Empezaba a temer que la zorra que se llevo tus poemas se habia llevado algo mas.